Manías y Hábitos Que a Veces Señalan Autismo (no es Solo Una Fase)
El trastorno del espectro autista (TEA) afecta aproximadamente a 1 de cada 36 niños, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. Este complejo trastorno del neurodesarrollo involucra al sistema nervioso e influye en el comportamiento, la comunicación y el procesamiento sensorial. A pesar de la creciente concienciación, muchas personas—especialmente aquellas con síntomas sutiles o atípicos—no reciben un diagnóstico hasta etapas más avanzadas de la vida. Esta detección tardía puede ser un reto, ya que la intervención temprana suele ser clave para obtener mejores resultados. Comprender las particularidades y hábitos únicos asociados al autismo es fundamental para ofrecer un apoyo oportuno y fomentar la aceptación.
Enfoque Intenso en Intereses Específicos

Una característica que distingue al autismo es la presencia de intereses profundos y, a veces, absorbentes en ciertos temas o actividades. A diferencia de los pasatiempos típicos de la infancia, que pueden cambiar con frecuencia o compartirse entre amigos, las personas autistas suelen mostrar una devoción intensa y sostenida por un área concreta—ya sean trenes, animales, números o hechos históricos poco comunes. Esta concentración puede llevar a un conocimiento enciclopédico y a pasar horas dedicados al tema, a veces dejando de lado otras actividades o interacciones sociales.
Si bien todos los niños pueden desarrollar fuertes preferencias, la intensidad y especificidad que se observa en el autismo es claramente distinta. Por ejemplo, un niño en el espectro puede memorizar rutas de metro o clasificaciones de dinosaurios con un nivel de detalle extraordinario, volviendo una y otra vez al tema sin perder el entusiasmo. Esta característica, a veces llamada “interés especial”, puede ser una fuente de consuelo, alegría e incluso identidad. Es importante reconocer y respetar estas pasiones, ya que pueden ser un puente para el aprendizaje y la conexión. Para más información, consulta el resumen de la National Autistic Society sobre intereses especiales.
Dificultad con el Contacto Visual

Evitar o sentir incomodidad con el contacto visual es un rasgo característico que puede diferenciar a las personas autistas de sus pares neurotípicos. Aunque muchas personas apartan la mirada de vez en cuando, quienes están en el espectro autista pueden evitar de manera constante el contacto visual durante conversaciones o interacciones sociales. Este comportamiento no se debe a timidez ni mala educación; suele tener una base neurológica. Las investigaciones sugieren que el cerebro de las personas autistas procesa los rostros—y el contacto visual en particular—de manera diferente, generando mayor actividad en áreas asociadas a la ansiedad o la sobrecarga sensorial.
Para algunos, el contacto visual directo puede sentirse excesivamente intenso o incluso físicamente incómodo. Por eso, es común que miren hacia otro lado, se concentren en un objeto cercano o escuchen sin establecer contacto visual. Esto puede malinterpretarse como desinterés o falta de atención, cuando en realidad es una estrategia para sobrellevar la situación. Comprender esta diferencia es esencial para fomentar la empatía y una comunicación más efectiva.
Preferencia por la Rutina

Muchas personas autistas tienen una fuerte preferencia por las rutinas y estructuras diarias predecibles. Esta necesidad de lo conocido brinda una sensación de seguridad en un mundo que, de otra manera, puede resultar caótico o abrumador. Las rutinas pueden abarcar desde el orden de las actividades matutinas, la ruta para ir al colegio o al trabajo, hasta la disposición específica de los objetos en una habitación. Estos patrones no son simplemente hábitos, sino marcos esenciales que ayudan a manejar la ansiedad y el exceso de estímulos sensoriales.
Cambios inesperados, incluso los que parecen menores para otros—como un profesor suplente, un desvío en el camino o una modificación en la comida—pueden provocar mucho estrés, confusión o malestar emocional. Esta sensibilidad aumentada ante la imprevisibilidad se basa en cómo el cerebro autista procesa la información y se adapta a las transiciones. Mientras que las personas neurotípicas suelen ajustarse rápido a los cambios, las personas autistas pueden necesitar más tiempo y apoyo. Reconocer la importancia de la rutina es clave para brindar el acompañamiento adecuado y reducir la angustia.
Sensibilidades Sensoriales

Las diferencias en el procesamiento sensorial son un aspecto fundamental del autismo, y suelen manifestarse como hipersensibilidad (respuesta exagerada) o hiposensibilidad (respuesta disminuida) a los estímulos sensoriales. Las personas autistas pueden experimentar los estímulos cotidianos—como luces, sonidos, olores, texturas o sabores—de forma mucho más intensa, o mucho menos perceptible, que sus pares neurotípicos. Por ejemplo, una luz fluorescente puede parecerles insoportablemente brillante, una tela común puede resultarles áspera e intolerable, o un ruido de fondo que otros ignoran podría ser extremadamente molesto o incluso doloroso.
Por otro lado, algunas personas dentro del espectro buscan activamente estímulos sensoriales fuertes, como presionar las manos contra superficies, girar sobre sí mismas o buscar sensaciones de presión profunda. Estas experiencias sensoriales pueden impactar considerablemente la vida diaria, influyendo en todo, desde la elección de la ropa hasta la participación en entornos sociales. Las sensibilidades sensoriales no son simplemente peculiaridades personales; están arraigadas en diferencias neurológicas en la forma en que el cerebro procesa y responde a los estímulos. Comprender y adaptarse a estas sensibilidades es esencial para crear entornos de apoyo.
Patrones de Habla Inusuales

La comunicación verbal en las personas autistas a menudo presenta patrones de habla distintivos que pueden parecer inusuales para los demás. Un rasgo común es la ecolalia, donde la persona repite palabras o frases que ha escuchado, a veces de manera inmediata y otras tras un tiempo. Esta repetición puede servir como una forma de procesar el lenguaje, comunicar necesidades o brindar consuelo. Si bien la ecolalia es una etapa típica en el desarrollo temprano del lenguaje en todos los niños, en el autismo puede persistir más allá de la infancia o usarse de formas singulares.
Otros rasgos notables del habla incluyen una voz monótona, donde la emoción o la entonación son mínimas, o un ritmo y tono atípicos, a veces descritos como “cantarín” o robótico. Estas diferencias no se deben a una falta de inteligencia o de interés, sino que reflejan patrones únicos de procesamiento neuronal y comunicación social. Tales características pueden dificultar que las personas autistas transmitan o interpreten matices emocionales y, en ocasiones, provocar malentendidos en la conversación. Reconocer y comprender estos patrones es fundamental para brindar apoyo e interacción efectiva.
Interpretación Literal del Lenguaje

Las personas autistas suelen interpretar el lenguaje de manera literal y concreta, lo que les dificulta entender modismos, bromas o sarcasmos. Frases como “está lloviendo a cántaros” o “rompe una pierna” pueden resultar confusas o tomarse al pie de la letra, en lugar de reconocerlas como expresiones figurativas. Esta tendencia proviene de diferencias en la manera en que el cerebro autista procesa el lenguaje y las señales sociales. Como resultado, una comunicación que depende de la inferencia, el humor o la sutileza puede derivar en malentendidos o frustración para ambas partes de la conversación.
Esta interpretación literal no es una falta de inteligencia o creatividad, sino un reflejo de un procesamiento cognitivo único. Las personas autistas pueden hacer preguntas aclaratorias o buscar contexto adicional para comprender significados no literales. También pueden tener dificultades para detectar el sarcasmo, que a menudo depende del tono de voz o de conocimientos sociales compartidos. Ser consciente de este rasgo es importante para educadores, compañeros y familiares, ya que una comunicación clara y directa puede fomentar una mejor comprensión y relaciones más sólidas.
Movimientos Repetitivos (Stimming)

Los movimientos repetitivos, a menudo llamados “stimming”, son una característica común entre las personas autistas. Estos comportamientos autoestimulantes pueden incluir aleteo de manos, mecerse de adelante hacia atrás, girar objetos, chasquear los dedos o repetir ciertos sonidos o frases. Aunque el stimming puede parecer inusual para los observadores, cumple una función reguladora crucial para quienes están en el espectro autista. El stimming ayuda a manejar la sobrecarga sensorial, reducir la ansiedad, expresar emoción o simplemente brindar consuelo.
Para muchas personas autistas, el stimming es un mecanismo esencial de afrontamiento que les permite autorregular sus emociones y experiencias sensoriales. Suprimir o desalentar estos comportamientos puede aumentar el malestar o la ansiedad. En cambio, comprender el propósito detrás del stimming y ofrecer oportunidades seguras para la autoexpresión es clave. En ocasiones, el stimming puede aumentar durante períodos de estrés o emoción, mientras que en otras situaciones puede ayudar a enfocar la atención o bloquear información sensorial no deseada. Para profundizar en el stimming y su papel en el autismo, visita The National Autistic Society: Stimming y Autismo.
Dificultades con las Relaciones entre Iguales

Formar y mantener amistades puede ser especialmente desafiante para las personas autistas, en gran parte debido a barreras en la comunicación social. Las dificultades para interpretar señales sociales, comprender reglas no expresadas y responder apropiadamente en entornos grupales pueden dificultar la conexión con los pares. Niños y adultos autistas pueden preferir actividades solitarias, tener problemas con la charla informal o sentirse abrumados en situaciones sociales, lo que puede ser malinterpretado como desinterés o frialdad.
Estos desafíos a menudo conducen a sentimientos de aislamiento o de ser incomprendidos. Las personas autistas pueden desear tener amigos, pero carecer de la comprensión intuitiva de los matices sociales que ayudan a que las relaciones florezcan. Puede que no reconozcan cuándo alguien está siendo sarcástico, no capten el lenguaje corporal sutil o no sepan cómo unirse a una conversación grupal. Como resultado, a veces son excluidos o víctimas de acoso, lo que complica aún más las experiencias sociales. Entornos de apoyo que fomenten la inclusión, enseñen habilidades sociales de manera explícita y promuevan la comprensión entre pares pueden mejorar significativamente los resultados sociales.
Apego Inusual a Objetos

Otro rasgo notable en muchas personas autistas es un apego fuerte, a veces intenso, a ciertos objetos. Puede ser un juguete en particular, una pieza de tela, un objeto doméstico o incluso algo poco convencional como una cuerda o una tapa de botella. A diferencia de un objeto de consuelo típico o una “mantita de seguridad”, el apego suele extenderse más allá de la infancia y puede estar profundamente arraigado en la rutina diaria. Algunas personas insisten en llevar el objeto a todas partes, obtienen un gran consuelo de su presencia o experimentan angustia si se pierde o no está disponible.
Estos apegos pueden cumplir diversas funciones, como proporcionar estimulación sensorial, constancia o una sensación tangible de control en un entorno impredecible. El objeto también puede convertirse en un punto central de intereses especiales, profundizando aún más el vínculo. Aunque este comportamiento puede parecer extraño o excesivo para los demás, es importante reconocerlo como un medio de autorregulación y consuelo para la persona autista. Apoyar y respetar estos apegos —mientras se fomenta suavemente la flexibilidad— puede ayudar a reducir la ansiedad y promover el bienestar.
Ansiedad Aumentada en Entornos Sociales

Muchas personas autistas experimentan una ansiedad significativa en situaciones sociales, a menudo como resultado directo de la imprevisibilidad y complejidad de las interacciones interpersonales. Escenarios cotidianos —como conversaciones en grupo, conocer gente nueva o asistir a eventos sociales— pueden provocar una preocupación o incomodidad intensa. Esta ansiedad no es simplemente timidez; surge de desafíos reales al comprender señales sociales, manejar la entrada sensorial y anticipar las acciones o expectativas de los demás.
El miedo a cometer errores, ser malinterpretado o romper reglas sociales no expresadas puede hacer que los entornos sociales resulten abrumadores. Por ello, algunas personas autistas pueden evitar actividades grupales, preferir interacciones predecibles uno a uno o necesitar más tiempo para adaptarse a nuevos ambientes. Esta ansiedad aumentada puede afectar la autoestima y la calidad de vida si no se comprende ni se acomoda. Reconocer estas dificultades es fundamental para brindar el apoyo adecuado, como rutinas estructuradas, comunicación clara y espacios adaptados sensorialmente. Para más información sobre la ansiedad social y el autismo, consulta el artículo de Autism: Ansiedad Social y Personas Autistas.
Dificultad para Entender el Espacio Personal

Las personas autistas pueden tener problemas para reconocer y respetar los límites sociales, especialmente en lo que respecta al espacio personal. Este desafío puede manifestarse como estar demasiado cerca de los demás, tocar personas u objetos sin darse cuenta de que es inapropiado, o no notar cuando alguien está incómodo. Estos comportamientos rara vez son intencionados; más bien, derivan de dificultades para interpretar señales no verbales y comprender las reglas, a menudo tácitas, que rigen las interacciones sociales.
Entender el espacio personal es una habilidad social compleja que depende de la percepción de expresiones faciales, lenguaje corporal y normas culturales—áreas donde las personas autistas suelen enfrentar retos. Como resultado, pueden invadir sin querer el espacio de otros o reaccionar de manera intensa si alguien invade su propio espacio. Esto puede causar malentendidos, fricción social o incluso exclusión de los grupos de pares. Enseñar explícitamente el concepto de espacio personal, mediante apoyos visuales, historias sociales y retroalimentación directa, puede ser útil. Las familias, educadores y compañeros deben abordar estos momentos con paciencia y empatía, reconociendo que se trata de una habilidad a desarrollar, no de una falta de respeto deliberada.
Marcha o Postura Inusual

Las diferencias motoras, incluyendo una marcha o postura distintiva, son frecuentes en personas autistas. Un ejemplo común es caminar de puntillas, donde una persona camina habitualmente sobre la punta de los pies en lugar de usar el movimiento típico de talón a punta. Otros pueden mostrar una postura rígida o incómoda, movimientos torpes o dificultades en tareas que requieren coordinación, como andar en bicicleta o atrapar una pelota. Estos desafíos reflejan diferencias subyacentes en el procesamiento sensorial, el equilibrio y la planificación motora —a veces denominadas dispraxia o trastorno de la coordinación motora.
Estos rasgos motores no son simplemente “manías”; pueden tener un impacto importante en la vida diaria, afectando desde la participación en actividades físicas hasta la navegación en espacios concurridos. Algunas personas también presentan movimientos repetitivos, como deambular o girar, lo que influye aún más en su postura y forma de caminar. Reconocer estas diferencias motoras es importante para entender el espectro completo del autismo y brindar el apoyo necesario, como la terapia ocupacional o física.
Retraso en el Habla o el Desarrollo del Lenguaje

El retraso en el habla o el desarrollo del lenguaje es un signo temprano común del autismo, que suele notarse en los primeros años de vida. Algunos niños autistas pueden no comenzar a hablar a la edad típica, mientras que otros desarrollan el lenguaje más lentamente o pierden palabras que ya habían adquirido. Las dificultades con el lenguaje expresivo pueden incluir vocabulario limitado, problemas para formar oraciones o dificultad para iniciar y mantener conversaciones. En algunos casos, las personas pueden permanecer no verbales o depender de formas alternativas de comunicación, como gestos, tableros de imágenes o dispositivos de comunicación.
Estos retrasos y diferencias no son simplemente variaciones en el desarrollo, sino que derivan de una estructura neurológica distintiva que afecta cómo se procesa y usa el lenguaje. Es importante tener en cuenta que la capacidad lingüística en el autismo es muy variable, y algunas personas pueden tener vocabularios avanzados o habilidades lectoras sólidas a pesar de dificultades expresivas. La identificación e intervención tempranas con terapia del lenguaje pueden marcar una diferencia significativa en los resultados comunicativos. Para más detalles sobre el desarrollo del habla y el lenguaje en el autismo, consulta la guía de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades: Signos y Síntomas de los Trastornos del Espectro Autista.
Resistencia al Contacto Físico

Muchas personas autistas experimentan una marcada aversión al contacto físico, que puede incluir incomodidad o malestar al ser abrazadas, palmoteadas o incluso tocadas suavemente. Esta resistencia a menudo se malinterpreta como frialdad o falta de afecto, pero generalmente está enraizada en diferencias en el procesamiento sensorial. Para algunas personas, la sensación del tacto es abrumadora, impredecible o incluso dolorosa. Gestos cotidianos como dar la mano, chocar los cinco o una palmada en la espalda pueden provocar ansiedad o llevar a conductas de evitación.
Esta sensibilidad es única para cada persona y puede variar según el contexto, el estado de ánimo o la persona involucrada. Algunas personas autistas pueden tolerar el contacto de familiares cercanos pero reaccionar con fuerza ante contactos inesperados o de desconocidos. Entender y respetar estos límites es fundamental para fomentar la confianza y la comodidad. Para cuidadores, educadores y compañeros, es importante pedir consentimiento antes de iniciar contacto físico y explorar medios alternativos para mostrar afecto o aliento.
Dificultad para Expresar Emociones

Las personas autistas suelen enfrentar retos para identificar, comprender y comunicar sus emociones. Esto puede manifestarse como dificultad para nombrar sentimientos como tristeza, frustración o entusiasmo, tanto en uno mismo como en los demás. El término alexitimia se utiliza con frecuencia para describir esta dificultad para reconocer y expresar emociones. Como resultado, una persona autista puede parecer distante, emocionalmente plana o poco receptiva, cuando en realidad puede estar experimentando emociones intensas por dentro.
Comunicar emociones también puede complicarse por un lenguaje expresivo limitado, habla monótona o expresiones faciales atípicas, lo que dificulta que otros interpreten cómo se siente realmente la persona. Esta desconexión puede llevar a malentendidos en las relaciones, aumento del estrés y retos para buscar apoyo o consuelo. Enseñar vocabulario emocional, usar apoyos visuales y modelar conversaciones sobre emociones puede ayudar a cerrar estas brechas. La sensibilidad y la paciencia de amigos, familiares y profesionales son esenciales. Para más información sobre emociones y autismo, visita el artículo de Autism Speaks: Desarrollo Emocional en el Autismo.
Abrumados por los Ruidos Fuertes

La sensibilidad auditiva aumentada es una experiencia común para muchas personas autistas, haciendo que los ruidos fuertes o inesperados sean especialmente angustiosos. Sonidos cotidianos que pueden pasar desapercibidos para otros—como aspiradoras, alarmas, sirenas o incluso entornos concurridos—pueden volverse rápidamente abrumadores. Esta sensibilidad puede provocar una variedad de reacciones, desde cubrirse los oídos y huir del lugar, hasta crisis emocionales (meltdowns) o bloqueos (shutdowns) si el ruido es prolongado o ineludible.
La forma única en que el cerebro autista procesa la entrada sensorial puede dificultar filtrar el ruido de fondo o adaptarse a cambios repentinos de volumen. Para algunas personas, incluso sonidos aparentemente benignos, como el tic-tac de un reloj o el zumbido de las luces, pueden resultar intensamente irritantes o distractores. Estas sensibilidades auditivas a menudo influyen en las decisiones sobre a dónde ir, en qué actividades participar y cómo desenvolverse en espacios públicos. Proporcionar auriculares con cancelación de ruido, salas tranquilas o avisos previos sobre sonidos fuertes puede marcar una diferencia significativa en la comodidad y participación. Para más información sobre el procesamiento auditivo y el autismo, consulta The National Autistic Society: Sensibilidades Auditivas.
Hábitos Alimentarios Inusuales

Muchas personas autistas muestran hábitos alimentarios inusuales que van mucho más allá de la típica selectividad infantil. Estos pueden incluir dietas altamente restringidas, fuertes aversiones a ciertos sabores, texturas, colores u olores, y conductas ritualistas en torno a la comida, como insistir en que los alimentos se dispongan de una manera particular o comer exclusivamente marcas específicas. Las sensibilidades sensoriales suelen desempeñar un papel fundamental, haciendo que ciertos alimentos resulten incómodos o incluso intolerables de consumir.
Algunos pueden evitar alimentos que sean crujientes, blandos o que tengan texturas mixtas, mientras que otros solo comerán alimentos de un color o temperatura determinados. En los casos más marcados, estas restricciones pueden afectar la nutrición y el crecimiento, requiriendo el apoyo de profesionales de la salud. Los rituales en torno a la comida —como usar siempre el mismo plato, comer los alimentos en un orden particular o rechazar que se mezclen distintos alimentos— pueden proporcionar una sensación de control y previsibilidad. Entender estos hábitos como parte de las diferencias en el procesamiento sensorial es fundamental para brindar el apoyo adecuado y evitar luchas de poder en la mesa.
Dificultad para Adaptarse a Cambios en los Planes

Adaptarse a cambios en los planes o a modificaciones inesperadas en la rutina puede ser especialmente desafiante para las personas autistas. Incluso alteraciones aparentemente menores —como un cambio en el orden de las actividades diarias, un maestro sustituto o la cancelación de un plan a último minuto— pueden desencadenar un estrés significativo, ansiedad o incluso reacciones emocionales intensas. Esta dificultad está profundamente arraigada en la necesidad de previsibilidad y en la confianza en rutinas establecidas para desenvolverse en la vida cotidiana, lo cual ofrece una sensación de control y seguridad.
Para muchos, los cambios repentinos pueden resultar desorientadores o abrumadores, dificultando el procesamiento de lo que está ocurriendo y cómo responder. Esta angustia no es una cuestión de terquedad, sino que refleja diferencias en la flexibilidad cognitiva y en el procesamiento de la información. Preparar las transiciones avisando con anticipación, utilizando horarios visuales y ofreciendo explicaciones claras puede ayudar a aliviar la ansiedad y facilitar una mejor adaptación. Familiares, educadores y compañeros pueden apoyar practicando la paciencia y la comprensión cuando los planes deben cambiar.
Falta de Interés en Compartir Disfrute

Las personas autistas pueden mostrar un interés limitado en compartir sus momentos de disfrute, intereses o logros con los demás, un comportamiento conocido como disminución de la “atención conjunta”. Por ejemplo, un niño puede no señalar un avión que pasa, no mostrarle un juguete nuevo a un padre o no buscar compartir su emoción por un logro personal. Esto no significa que carezcan de alegría o de orgullo, sino que la motivación o el impulso de involucrar a otros en estas experiencias puede ser menor o expresarse de manera diferente.
Esta diferencia puede dificultar la conexión y la celebración conjunta de momentos importantes entre cuidadores, educadores o compañeros, lo que a veces lleva a malentendidos sobre el estado emocional o el interés social de la persona autista. La causa de fondo suele estar relacionada con diferencias en la motivación social y en la comunicación, así como desafíos para interpretar lo que otros podrían encontrar interesante. Fomentar experiencias compartidas mediante sugerencias suaves, modelado y paciencia puede ayudar a desarrollar la atención conjunta y la conexión con el tiempo.
Expresiones Faciales Planas o Inusuales

Las personas autistas suelen mostrar expresiones faciales planas, limitadas o atípicas, lo que puede afectar la manera en que los demás perciben sus emociones. Mientras que las personas neurotípicas suelen utilizar gestos faciales para expresar sentimientos como alegría, sorpresa o frustración, quienes están en el espectro pueden mostrar menos variación en sus movimientos faciales o utilizar expresiones que no concuerdan con el contexto social. Esto puede incluir una mirada neutral o inexpresiva incluso durante momentos cargados de emoción, o, por el contrario, gestos exagerados o aparentemente incongruentes.
Estas diferencias en la comunicación no verbal no se deben a una falta de sentimientos, sino que surgen de un procesamiento neurológico y aprendizaje social distintos. Como resultado, una persona autista puede ser malinterpretada como desinteresada, poco receptiva o emocionalmente distante, incluso cuando está completamente involucrada a nivel interno. Esta falta de correspondencia entre la experiencia interna y la expresión externa puede dificultar las interacciones sociales y provocar malentendidos entre compañeros, maestros o familiares. Aumentar la conciencia sobre estas diferencias y enfatizar la comunicación verbal directa puede ayudar a salvar estas brechas.
Dificultad para Imitar

La imitación —copiar gestos, acciones o estilos de juego— es un aspecto fundamental del desarrollo infantil temprano y del aprendizaje social. Sin embargo, muchas personas autistas experimentan desafíos en esta área. Es posible que no imiten fácilmente gestos como saludar, aplaudir u otras acciones simples demostradas por otros, y que tengan dificultades para participar en juegos de simulación o en actividades grupales que requieran seguir el liderazgo de otra persona. Esta dificultad no está relacionada con la falta de interés o de inteligencia, sino con diferencias en la manera en que el cerebro procesa e interpreta la información social y la planificación motora.
La imitación es crucial para adquirir nuevas habilidades, comprender las normas sociales y establecer relaciones. Cuando los niños autistas tienen dificultades para imitar, esto puede impactar el desarrollo del lenguaje, el juego y la capacidad de aprender a través de la observación. Pueden necesitar una enseñanza más explícita o demostraciones repetidas para adquirir las mismas habilidades que sus compañeros neurotípicos adquieren de forma natural. Reconocer y apoyar esta diferencia —mediante el modelado, el estímulo suave y los apoyos visuales— puede ayudar a fomentar el desarrollo de habilidades y la conexión social.
Respuesta Deficiente al Nombre

Uno de los signos tempranos que se observa a menudo en los niños autistas es una respuesta deficiente o inconsistente a su propio nombre, aunque la audición sea normal. Los padres o cuidadores pueden notar que al llamar al niño por su nombre, este no establece contacto visual, no responde verbalmente ni muestra ningún reconocimiento, especialmente en entornos bulliciosos o con muchas distracciones. Este comportamiento no es simple desatención, sino que refleja diferencias subyacentes en la atención, el procesamiento sensorial y el compromiso social que son característicos del autismo.
La falta de respuesta al nombre puede ser preocupante, ya que normalmente aparece en bebés y niños pequeños antes de los dos años. Mientras que los niños neurotípicos se orientan naturalmente hacia voces familiares, los niños autistas pueden estar más absortos en sus propias actividades o menos atentos a las señales sociales. Este rasgo también puede coexistir con dificultades en la atención conjunta o problemas para filtrar la entrada sensorial. El reconocimiento temprano de este signo es importante para una evaluación e intervención oportunas.
Miedos o Fobias Inusuales

Las personas autistas a menudo experimentan miedos o fobias intensos y a veces atípicos, que van más allá de las ansiedades infantiles comunes. Estos temores pueden estar relacionados con experiencias sensoriales específicas —como ciertos sonidos, texturas, luces o incluso patrones visuales— que otras personas consideran inofensivos o apenas notan. Por ejemplo, un niño puede sentir un gran miedo a los secadores de manos, aspiradoras o ciertos tejidos, lo que provoca evitación, angustia o crisis emocionales al enfrentarse a estos estímulos.
En otros casos, los temores pueden centrarse en situaciones altamente específicas —como caminar sobre el césped, entrar en ascensores o encontrar objetos desconocidos— en lugar de preocupaciones infantiles más típicas como la oscuridad o los monstruos. La intensidad de estas reacciones suele estar relacionada con un procesamiento sensorial agudizado o la incapacidad de predecir o controlar la entrada sensorial. Reconocer y validar estos miedos es esencial, ya que ignorarlos o forzar la exposición puede empeorar la ansiedad. Las estrategias de apoyo pueden incluir la desensibilización gradual, avisos previos y rutinas calmantes.
Dificultad para Mantener Conversaciones Recíprocas

Participar en una conversación recíproca —donde los participantes alternan entre escuchar, responder y construir sobre las ideas del otro— puede ser un gran desafío para las personas autistas. Aunque pueden tener un gran interés en ciertos temas, mantener el flujo del diálogo bidireccional o cambiar de tema con naturalidad puede resultar difícil. Las personas autistas pueden monopolizar las conversaciones con monólogos sobre intereses especiales, tener dificultades para hacer preguntas de seguimiento o no captar las señales de que es momento de dejar hablar a otra persona.
Esta dificultad suele tener su origen en diferencias en las habilidades de comunicación social, incluyendo la lectura del lenguaje corporal, la interpretación del tono de voz y el reconocimiento de las pausas conversacionales. Cambiar de tema puede ser especialmente complicado, ya que las transiciones pueden sentirse bruscas o confusas. Como resultado, las conversaciones pueden parecer unilaterales o fragmentadas, lo que puede generar malentendidos o aislamiento social. Brindar orientación explícita sobre la alternancia en el diálogo, utilizar apoyos visuales y practicar guiones sociales puede ayudar a mejorar estas habilidades con el tiempo.
Apego Inusual a las Reglas

Muchas personas autistas muestran un apego fuerte, a veces inflexible, a las reglas y rutinas. Esto puede manifestarse como una estricta adherencia tanto a normas formales como informales—ya sean instrucciones en el aula, reglas del hogar o incluso sistemas autoimpuestos. Las desviaciones de reglas establecidas o las situaciones ambiguas pueden generar incomodidad, ansiedad o angustia considerable. Para algunas personas, las reglas ofrecen un marco claro para desenvolverse en un mundo que a menudo perciben como impredecible o abrumador.
Esta preferencia por la estructura está vinculada a diferencias en el procesamiento cognitivo y a una necesidad de previsibilidad. Las personas autistas pueden notar más fácilmente cuando otros rompen las reglas y pueden insistir en la equidad o la consistencia, a veces corrigiendo a compañeros o adultos. Si bien este rasgo puede fomentar la honestidad y la confiabilidad, también puede provocar dificultades cuando se requiere flexibilidad o improvisación. Las situaciones que requieren interpretación de normas sociales no escritas o adaptación a excepciones pueden ser particularmente estresantes. Apoyar a las personas autistas con explicaciones claras, horarios visuales y exposición gradual a la ambigüedad puede ayudar a facilitar las transiciones.
Estallidos Emocionales Impredecibles

Las personas autistas pueden experimentar estallidos emocionales repentinos e intensos, conocidos comúnmente como crisis o, en niños, rabietas. Estos episodios no son simples actos de desafío o mala conducta; en realidad, son reacciones involuntarias ante estímulos abrumadores, estrés o frustración. Las crisis pueden ser desencadenadas por sobrecarga sensorial, cambios inesperados, dificultades de comunicación o el efecto acumulado de pequeños estresores a lo largo del día.
Durante una crisis, la persona puede llorar, gritar, golpear objetos o realizar conductas de auto-calmado como mecerse o cubrirse los oídos. A diferencia de las rabietas, que suelen tener un objetivo (como buscar atención o un objeto deseado), las crisis son una respuesta a la incapacidad de lidiar con el entorno o situación actual. La recuperación puede tomar tiempo y requiere un enfoque calmado y de apoyo por parte de cuidadores o compañeros. Reconocer las señales de angustia creciente y ofrecer estrategias de autorregulación—como espacios tranquilos o herramientas sensoriales—puede ayudar a prevenir o reducir el impacto de las crisis.
Dificultad para Reconocer Señales Sociales

Interpretar señales sociales—como expresiones faciales, lenguaje corporal y tono de voz—puede ser especialmente complicado para las personas autistas. Estas señales no verbales juegan un papel fundamental en las interacciones diarias, transmitiendo emociones, intenciones y normas implícitas. Las personas autistas pueden tener dificultades para distinguir una sonrisa amigable de una sarcástica, o pueden pasar por alto señales sutiles que indican que alguien está aburrido, molesto o desea terminar una conversación. De igual modo, los cambios en el tono de voz o la postura pueden pasar desapercibidos, generando malentendidos o intercambios sociales incómodos.
Esta dificultad se origina en diferencias neurológicas que afectan el procesamiento cerebral de la información social. Como resultado, las personas autistas pueden depender más de la comunicación directa y explícita, y pueden parecer bruscas o literales en sus respuestas. La formación en habilidades sociales, los apoyos visuales y la enseñanza explícita de señales no verbales pueden ayudar a salvar estas brechas y fomentar interacciones sociales más exitosas. La conciencia y la paciencia por parte de compañeros, educadores y cuidadores son esenciales para crear entornos inclusivos donde las personas autistas puedan prosperar.
Preferencia por la Soledad

Muchas personas autistas muestran una clara preferencia por la soledad, optando a menudo por pasar tiempo a solas en lugar de participar en actividades grupales o reuniones sociales. Esta inclinación no es necesariamente señal de soledad ni depresión, sino que puede ser una manera de manejar la sobrecarga sensorial, la ansiedad social o el esfuerzo mental que implica desenvolverse en interacciones complejas. Estar a solas permite la autorregulación, enfocarse en intereses personales y encontrar alivio ante la naturaleza impredecible de la dinámica grupal.
Esta preferencia puede hacerse evidente desde la infancia, cuando los niños prefieren el juego solitario o actividades independientes en vez de integrarse con sus compañeros. Los adultos en el espectro pueden buscar ambientes tranquilos, evitar lugares concurridos o necesitar descansos frecuentes para recargarse después de eventos sociales. Respetar esta necesidad de soledad es fundamental, ya que forzar la participación puede aumentar el estrés o conducir al agotamiento. Brindar oportunidades para actividades silenciosas e individualizadas y entender que las necesidades sociales pueden diferir de las expectativas neurotípicas puede fomentar el bienestar y la autoaceptación.
Patrones de Juego Repetitivo

Los patrones de juego restringido y repetitivo se observan frecuentemente en niños autistas y pueden ser uno de los primeros indicadores del autismo. En lugar de participar en juegos imaginativos o cooperativos, un niño en el espectro puede preferir alinear juguetes, girar objetos o repetir el mismo juego o secuencia de acciones una y otra vez. Por ejemplo, un niño podría colocar meticulosamente coches en fila, pero mostrar poco interés en fingir que corren carreras o en interactuar con otros durante el juego.
Este tipo de juego proporciona previsibilidad, estructura y comodidad, ayudando al individuo a gestionar la información sensorial y a comprender su entorno. Si bien los niños neurotípicos también repiten actividades favoritas, la intensidad, el enfoque y la exclusividad del juego repetitivo en el autismo destacan notablemente. Estos comportamientos a veces pueden interferir con el aprendizaje de nuevas habilidades o con la participación en formas de juego más flexibles y sociales. Fomentar gradualmente la ampliación de rutinas de juego, introducir materiales nuevos y modelar distintos tipos de juego puede ayudar a promover una participación más variada.
Dificultad con las Habilidades Motoras

Muchas personas autistas experimentan desafíos en las habilidades motoras, que pueden afectar tanto la motricidad fina como la gruesa. Estas dificultades pueden manifestarse como torpeza, movimientos poco coordinados o problemas con tareas que requieren coordinación, como correr, saltar o atrapar una pelota. También son comunes los problemas de motricidad fina, lo que lleva a dificultades para escribir, usar cubiertos, abotonar la ropa o manipular objetos pequeños. Estos desafíos se atribuyen a diferencias en la planificación motriz, el tono muscular y la integración sensorial.
Las dificultades motoras pueden afectar el rendimiento académico, la participación en deportes o actividades grupales y el autocuidado diario. Por ejemplo, un niño podría evitar los juegos del parque o sentirse frustrado con proyectos artísticos que requieren cortar o dibujar. Reconocer y abordar estos desafíos a tiempo es crucial, ya que pueden incidir en la autoestima y la integración social. La terapia ocupacional y física puede proporcionar apoyo especializado para ayudar a desarrollar estas habilidades y fortalecer la confianza.
Falta de Señalar para Mostrar Interés

La ausencia de señalar objetos o eventos para compartir interés —conocido como “señalamiento declarativo”— es una característica destacada en muchos niños autistas. En el desarrollo típico, los niños pequeños naturalmente señalan cosas de su interés, como un avión que pasa o un juguete favorito, para llamar la atención de otros y compartir su emoción o curiosidad. Este gesto simple es un aspecto fundamental de la atención conjunta y la comunicación social, permitiendo a los niños conectar e interactuar con quienes los rodean.
En el autismo, este comportamiento puede estar retrasado, ser poco frecuente o estar completamente ausente. En vez de señalar, un niño puede llevar de la mano a un adulto o simplemente enfocarse en el objeto sin intentar involucrar a los demás. Esta falta de atención compartida puede dificultar que los cuidadores identifiquen qué le interesa o entusiasma al niño, a veces generando oportunidades perdidas para el vínculo afectivo y el desarrollo del lenguaje. Las estrategias de intervención temprana que fomentan la atención conjunta pueden ayudar a desarrollar estas habilidades esenciales.
Dificultad para Comprender Emociones en Otros

Las personas autistas suelen experimentar dificultades para interpretar las emociones de los demás, lo que puede provocar malentendidos y complicaciones en las relaciones sociales. Esta dificultad puede deberse a problemas para leer expresiones faciales, lenguaje corporal o el tono de voz, que normalmente transmiten sentimientos como felicidad, enojo o tristeza. Como resultado, una persona autista podría no reconocer cuándo alguien está molesto, aburrido o bromeando, o puede malinterpretar el contexto emocional de una conversación.
Esta dificultad a veces se percibe erróneamente como falta de empatía, pero investigaciones muestran que muchas personas autistas se preocupan profundamente por los sentimientos de los demás; simplemente pueden tener problemas para reconocer o responder a esas emociones en tiempo real. La enseñanza de habilidades sociales, apoyos visuales y discusiones explícitas sobre emociones pueden ayudar a cerrar estas brechas y fomentar conexiones más significativas. Es importante que familiares, amigos y educadores sean pacientes y brinden retroalimentación clara y directa.
Uso Inusual de los Objetos

Las personas autistas a menudo interactúan con juguetes y objetos cotidianos de maneras poco convencionales o únicas, lo que puede diferenciarlas de sus pares. En vez de usar un coche de juguete para “conducirlo” o participar en juegos de simulación, un niño en el espectro puede girar las ruedas, alinear los coches meticulosamente o enfocarse intensamente en una parte específica del juguete. Los objetos del hogar pueden usarse para la exploración sensorial —como golpear, girar o observar cómo la luz se refleja en una superficie— en lugar de su función habitual.
Estos comportamientos reflejan una forma diferente de interactuar con el mundo, impulsada por preferencias sensoriales, curiosidad o el deseo de previsibilidad y control. Aunque este juego pueda parecer repetitivo o carente de propósito para los demás, suele proporcionar consuelo, estimulación o una manera de explorar intereses específicos. Entender y respetar estas formas de juego es importante, ya que son significativas para la persona. Las intervenciones pueden introducir nuevas maneras de jugar de forma gradual, respetando siempre el enfoque único del individuo.
Dificultad para Transicionar entre Actividades

Transicionar de una actividad a otra —como pasar del tiempo de juego a la hora de comer, o dejar un juego favorito para iniciar una tarea nueva— puede ser especialmente desafiante para las personas autistas. Esta resistencia o angustia durante las transiciones suele estar profundamente enraizada en una fuerte preferencia por la rutina y la previsibilidad. Los cambios repentinos o interrupciones inesperadas pueden resultar abrumadores o desorientadores, generando ansiedad, frustración o incluso crisis emocionales.
Incluso las transiciones pequeñas, como guardar los juguetes o cambiar de materia en el aula, pueden desencadenar respuestas emocionales intensas. Estos desafíos no son el resultado de desobediencia deliberada, sino que reflejan diferencias neurológicas en el procesamiento del cambio y la adaptación de la atención. Las estrategias para facilitar transiciones más suaves incluyen avisos anticipados, el uso de horarios visuales o temporizadores y la entrega de instrucciones claras, paso a paso. Crear una rutina predecible siempre que sea posible y permitir tiempo para adaptarse también puede facilitar el proceso.
Respuesta Inusual al Dolor o la Temperatura

Las personas autistas suelen mostrar respuestas atípicas al dolor o la temperatura, que pueden variar desde una tolerancia inusualmente alta hasta reacciones extremas ante molestias leves. Por ejemplo, un niño podría no notar ni reaccionar ante una rodilla raspada, un moretón considerable o incluso una fractura, continuando con el juego como si nada. Por el contrario, la misma persona podría mostrar una angustia extrema ante un golpe leve, una caricia suave o un pequeño cambio de temperatura del agua durante el baño.
Estas diferencias se originan en la forma en que el sistema nervioso autista procesa la información sensorial. El cerebro puede sub-responder o sobre-responder a los estímulos físicos, haciendo que las señales de dolor y temperatura sean inconsistentes o impredecibles. Tales reacciones pueden complicar la atención médica o el autocuidado, ya que los cuidadores pueden no darse cuenta cuándo una lesión es grave o cuándo una fuente de incomodidad resulta abrumadora. Comprender estas variaciones sensoriales es esencial para brindar el apoyo adecuado y garantizar la seguridad.
Falta de Juego de Simulación

Una participación limitada en juegos de simulación o imaginativos es una característica notable de muchos niños autistas. Mientras que los compañeros neurotípicos suelen involucrarse en actividades como fingir cocinar, jugar a la casita o representar escenarios con muñecos y figuras de acción, los individuos autistas pueden mostrar poco interés o comprensión de estas formas de juego. En cambio, su juego suele centrarse en acciones repetitivas, organizar objetos o interactuar con los juguetes de manera literal o funcional.
Esta falta de juego de simulación no es señal de menor inteligencia o creatividad, sino que refleja diferencias en la comunicación social y el pensamiento simbólico. La capacidad de imaginar escenarios alternativos, asignar roles o utilizar objetos simbólicamente (por ejemplo, usar un bloque como si fuera un coche) puede no surgir de forma natural. Fomentar el juego de simulación mediante el modelado, actividades estructuradas e interacciones con compañeros puede ayudar a desarrollar estas habilidades con el tiempo. El apoyo temprano es importante, ya que el juego de simulación está estrechamente vinculado al desarrollo del lenguaje, las habilidades sociales y la comprensión emocional.
Dificultad para Seguir Instrucciones de Varios Pasos

Muchas personas autistas experimentan dificultades para entender o recordar instrucciones de varios pasos. Las tareas que requieren seguir una secuencia de indicaciones —como “Ponte los zapatos, toma tu mochila y espera junto a la puerta”— pueden resultar abrumadoras y generar confusión o una ejecución incompleta de la tarea. Este desafío suele estar relacionado con diferencias en la memoria de trabajo, el procesamiento del lenguaje y la atención, todos ellos comunes en el trastorno del espectro autista.
Las instrucciones complejas pueden requerir ser desglosadas en pasos más pequeños y manejables, y transmitidas con un lenguaje claro y sencillo. Los apoyos visuales, listas de verificación o demostraciones también pueden ser útiles para reforzar cada parte del proceso. Sin estos apoyos, la persona puede saltarse pasos, frustrarse o necesitar recordatorios repetidos. Esta dificultad no es señal de falta de inteligencia o motivación, sino que responde a la forma en que se procesa y retiene la información.
Patrones de Sueño Inusuales

Las dificultades para dormir son comunes entre las personas autistas, manifestándose a menudo como insomnio, despertares frecuentes durante la noche o ciclos de sueño-vigilia irregulares. Muchas pueden tener problemas para conciliar el sueño, permanecer dormidas o despertarse muy temprano, lo que conduce a fatiga e irritabilidad durante el día. Estas dificultades pueden estar influenciadas por sensibilidades sensoriales—como incomodidad con las texturas de la ropa de cama, ruidos o niveles de luz—además de la ansiedad, dificultad para relajarse o diferencias en la producción de melatonina.
Los patrones de sueño irregulares pueden afectar gravemente el estado de ánimo, el aprendizaje y la calidad de vida tanto del individuo como de su familia. Establecer una rutina consistente a la hora de dormir, minimizar las actividades estimulantes antes de acostarse y crear un ambiente sensorialmente amigable para el sueño puede ayudar a mejorar el descanso. En algunos casos, puede ser necesario consultar a profesionales de la salud y recurrir a ayudas para dormir o intervenciones conductuales. Reconocer que los problemas de sueño son un aspecto común y, a menudo, neurológico del autismo es clave para buscar comprensión y apoyo.
Habla Excesivamente Formal o de Adulto

Algunos niños autistas muestran una manera de hablar llamativamente formal o adulta, usando vocabulario avanzado o estructuras de oraciones complejas poco comunes para su edad. Este tipo de habla puede incluir gramática precisa, uso extenso de términos técnicos o una tendencia a expresarse de manera pedante o enciclopédica. Aunque estas habilidades lingüísticas pueden resultar impresionantes, el estilo de comunicación puede percibirse como rígido, ensayado o desconectado de la interacción típica entre compañeros.
Este rasgo, a veces llamado “síndrome del pequeño profesor”, resalta diferencias en la comunicación social más que en la capacidad cognitiva. El individuo puede tener dificultades con la reciprocidad conversacional, el humor o la jerga, y preferir temas alineados con sus intereses específicos. Como resultado, su forma de hablar puede parecer fuera de lugar entre sus pares, lo que puede llevar a aislamiento social o malentendidos. Fomentar una conversación más flexible y recíproca, y proporcionar retroalimentación explícita sobre las normas sociales, puede ayudar a cerrar las brechas comunicativas.
Dificultad para Participar en Actividades Grupales

Participar en actividades grupales, juegos cooperativos o proyectos colaborativos puede resultar especialmente desafiante para las personas autistas. Estas situaciones suelen requerir interpretación de señales sociales, pensamiento flexible, comunicación verbal y no verbal, y adaptación rápida a la dinámica cambiante del grupo. Los niños autistas pueden encontrar difícil seguir las reglas del grupo, esperar su turno o coordinar sus acciones con otros. También pueden tener problemas para iniciar o unirse al juego, prefiriendo actividades solitarias o paralelas.
La presión de múltiples interacciones sociales y la necesidad de procesar una variedad de estímulos sensoriales puede hacer que los ambientes grupales resulten abrumadores o confusos. Como resultado, las personas autistas pueden retraerse, volverse ansiosas o mostrar frustración durante las tareas grupales. Actividades estructuradas con roles claros, apoyos visuales y rutinas predecibles pueden facilitar la participación. Fomentar el juego inclusivo y ofrecer entrenamiento en habilidades sociales también puede aumentar la confianza y la participación.
Respuesta Inconsistente a Experiencias Sensoriales

Las personas autistas a menudo presentan reacciones inconsistentes o aparentemente contradictorias a los estímulos sensoriales. Por ejemplo, alguien puede buscar intensamente estimulación sensorial—como girar, saltar o tocar diversas texturas—y, al mismo tiempo, evitar o alterarse por ciertos sonidos, luces o contactos físicos. Esta variabilidad puede resultar desconcertante para cuidadores y educadores, ya que la búsqueda y la evitación sensorial pueden ocurrir en la misma persona, incluso en el mismo día.
Tales respuestas inconsistentes están vinculadas a diferencias en la forma en que el sistema nervioso autista procesa la información sensorial. El umbral de lo que resulta cómodo o abrumador puede variar según el entorno, el estado de ánimo o el nivel de estrés. Así, un niño que disfruta de los columpios en el parque puede taparse los oídos en una fiesta ruidosa, o alguien que busca contacto táctil puede rechazar ciertas telas. Comprender y acomodar estas necesidades cambiantes es fundamental para el bienestar y la comodidad. Las estrategias pueden incluir ofrecer descansos sensoriales, proporcionar opciones y preparar para las transiciones.
Risa o Risitas Inusuales

La risa o las risitas inusuales es un rasgo que a veces se observa en personas autistas, caracterizándose por reír en momentos que parecen inapropiados o sin razón aparente. Esta risa puede producirse como respuesta a pensamientos internos, experiencias sensoriales o emociones que no son obvias para los demás. Por ejemplo, un niño podría empezar a reírse durante una actividad silenciosa en clase o reírse estando solo, lo que genera confusión entre pares y adultos.
Este comportamiento no pretende ser disruptivo ni irrespetuoso; más bien refleja diferencias en el procesamiento emocional, la percepción sensorial o la experiencia de la alegría en contextos inesperados. A veces, la risa puede ser una respuesta de auto-regulación ante la ansiedad o la sobrecarga sensorial; en otros casos, puede ser provocada por un sonido, patrón visual o recuerdo específico. Entender que la risa no siempre corresponde a la situación externa es importante para interpretar el comportamiento con empatía. Apoyar la comunicación y comprobar cómo se siente la persona puede ayudar a aclarar el motivo de la risa si es necesario.
Retraso en el Control de Esfínteres

El retraso en la adquisición de hábitos de control de esfínteres es comúnmente reportado entre niños autistas, siendo frecuente que tarden más en lograr la continencia completa comparado con sus pares neurotípicos. Entre los factores que contribuyen a este retraso se incluyen las sensibilidades sensoriales, dificultades de comunicación, desafíos para comprender las señales corporales y la preferencia por las rutinas. Para algunos, la sensación de cambio de ropa, el sonido del inodoro o la textura de los elementos del baño pueden resultar abrumadores, generando resistencia o ansiedad en torno al uso del baño.
Además, las dificultades para expresar la necesidad de ir, reconocer señales internas o adaptarse a la nueva rutina del control de esfínteres pueden prolongar el proceso. Es importante que los cuidadores aborden el aprendizaje con paciencia, flexibilidad y sensibilidad a las necesidades únicas del niño. Los apoyos visuales, las historias sociales y el refuerzo positivo pueden ayudar a enseñar estas habilidades a un ritmo cómodo. Consultar con profesionales, como terapeutas ocupacionales o pediatras, puede proporcionar orientación personalizada.
Dificultad para Compartir o Esperar Turnos

Compartir y esperar turnos son pilares del juego cooperativo y la interacción social, pero muchas personas autistas encuentran estos conceptos especialmente difíciles. Durante el juego, pueden tener problemas para esperar su turno, molestarse si se les pide compartir un juguete favorito o no comprender por qué las reglas requieren ceder algo temporalmente. Estos desafíos no son signo de egoísmo; a menudo se deben a diferencias en la comprensión social, la comunicación y la importancia que se da a los intereses personales o las rutinas.
La naturaleza abstracta de compartir y turnarse—donde el beneficio personal inmediato se aplaza por el bien del grupo—puede resultar confusa o estresante. Las sensibilidades sensoriales o los fuertes vínculos con ciertos objetos pueden complicar aún más el proceso. Actividades estructuradas, señales visuales y reglas claras y coherentes pueden ayudar a enseñar estas habilidades. Practicar el turno en situaciones de baja presión y usar refuerzo positivo también puede facilitar el aprendizaje. La paciencia y empatía de pares, cuidadores y educadores son esenciales para ayudar a las personas autistas a aprender y sentirse cómodas con estas expectativas sociales.
Fascinación por los Patrones

Muchas personas autistas muestran una fascinación profunda por los patrones, la simetría o el orden. Este intenso interés puede manifestarse de muchas formas, como alinear objetos en filas exactas, organizar juguetes por tamaño o color, o quedarse absortos en patrones visuales como rayas, cuadrículas o formas repetidas. Algunos pueden notar detalles en su entorno—como la disposición de los azulejos, las secuencias del calendario o la repetición en la música o el lenguaje—que otros pasan por alto.
Esta afinidad por los patrones refleja un estilo cognitivo único que valora la previsibilidad y la estructura. Relacionarse con los patrones puede brindar consuelo, una sensación de control y estimulación intelectual. También puede favorecer el aprendizaje y la resolución de problemas en áreas como matemáticas, música o programación informática. Aunque este enfoque a veces puede dificultar la flexibilidad o la adaptación al cambio, también es una fortaleza que debe alentarse y potenciarse. Padres y educadores pueden aprovechar este interés incorporando patrones y orden en las actividades y rutinas de aprendizaje.
Movimientos Inusuales de las Manos

Movimientos repetitivos o inusuales de las manos se observan comúnmente en personas autistas y pueden servir como una forma de autoestimulación, consuelo o regulación emocional. Estos movimientos incluyen aleteo de manos, torcer, frotar las manos, girar los dedos delante de los ojos o golpetear objetos. A veces, estos gestos se acompañan de otras acciones repetitivas, como girar o golpear objetos, y pueden intensificarse en momentos de emoción, ansiedad o sobrecarga sensorial.
Tales movimientos—conocidos como “stimming”—no son actos sin sentido ni disruptivos, sino una forma significativa en que la persona gestiona la información sensorial o expresa emociones difíciles de comunicar verbalmente. Suprimir o desalentar estos comportamientos sin comprender su función puede aumentar el malestar. Por el contrario, ofrecer oportunidades seguras para el stimming y explorar estrategias alternativas de afrontamiento puede favorecer el bienestar general.
Dificultad para Generalizar Habilidades

Las personas autistas suelen tener dificultades para generalizar habilidades, es decir, pueden aprender un comportamiento o concepto nuevo en un entorno pero tener problemas para aplicarlo en otros ambientes o situaciones. Por ejemplo, un niño puede aprender a saludar a su maestra en la escuela, pero no utilizar el mismo saludo con familiares en casa o con personas en público. Este desafío puede extenderse a conceptos académicos, rutinas de autocuidado o habilidades sociales, haciendo necesario enseñar y practicar habilidades en múltiples contextos.
La dificultad para generalizar está relacionada con la manera en que el cerebro autista procesa la información, enfocándose a menudo en detalles específicos en lugar de patrones o reglas más amplias. Así, cada situación puede parecer distinta, requiriendo un enfoque nuevo, en vez de verse como una oportunidad para reutilizar estrategias aprendidas. Las intervenciones de apoyo incluyen práctica variada, enseñanza explícita sobre cuándo y cómo usar las habilidades y refuerzo en diferentes contextos. La colaboración entre cuidadores, maestros y terapeutas es clave para promover la coherencia y el éxito en la generalización.
Uso de Palabras o Frases Inusuales

Las personas autistas pueden utilizar el lenguaje de maneras únicas y creativas, incorporando con frecuencia palabras y frases inusuales, complejas o incluso inventadas en su habla. Esto puede incluir el uso frecuente de vocabulario avanzado, más allá de lo esperado para su edad, la combinación de palabras o la invención de nuevas expresiones para describir pensamientos, sentimientos o experiencias. A veces, estas frases son tomadas de libros, películas o intereses específicos, y pueden repetirse en contextos que parecen no estar relacionados con la conversación en curso.
Este uso distintivo del lenguaje puede ser tanto una fortaleza como un desafío. Puede reflejar una profunda fascinación por las palabras, los patrones o temas concretos, pero también puede dificultar la comunicación con compañeros o adultos, especialmente si el significado no es inmediatamente claro. Estas peculiaridades lingüísticas pueden servir como una forma de autoexpresión o como una manera de procesar la información. Apoyar la comunicación mediante preguntas aclaratorias, modelando frases convencionales y celebrando la creatividad lingüística contribuye a fomentar la confianza y la conexión social.
Dificultad para Reconocer el Peligro

Muchas personas autistas tienen dificultades para reconocer situaciones peligrosas o comprender el concepto de seguridad personal. Este desafío puede manifestarse en conductas como correr hacia la calle sin mirar, tocar superficies calientes, alejarse de sus cuidadores o no responder a advertencias sobre extraños u objetos peligrosos. Su curiosidad, deseo de estimulación sensorial o concentración en un interés particular puede superar la precaución típica, lo que aumenta el riesgo de accidentes o lesiones.
Esta falta de conciencia no se debe a desobediencia ni a una falta de respeto por las reglas o instrucciones, sino a diferencias en el procesamiento de señales del entorno, la interpretación del riesgo y la generalización de conceptos de seguridad en diferentes contextos. Enseñar habilidades de seguridad a personas autistas suele requerir instrucciones claras y explícitas, repetición y práctica en diversos entornos. Los apoyos visuales, las historias sociales y la supervisión directa son estrategias importantes para promover la seguridad y la independencia.
Regresión de Habilidades

La regresión—cuando un niño pierde habilidades previamente adquiridas en el lenguaje, la interacción social o las destrezas motoras—es un fenómeno que se observa en algunas personas autistas. Esta pérdida suele ocurrir entre los 15 y 30 meses de edad y puede implicar que un niño que antes pronunciaba palabras o frases de repente se vuelva no verbal, o que un niño que previamente jugaba de manera social se retire de la interacción. Las habilidades motoras, como caminar o usar utensilios, también pueden verse afectadas en algunos casos.
Esta regresión puede ser angustiante para las familias y es una señal clave que motiva la evaluación para el trastorno del espectro autista. Las causas subyacentes de la regresión no se comprenden completamente, pero la investigación sugiere que puede estar relacionada tanto con factores genéticos como ambientales que afectan el desarrollo cerebral. La intervención temprana después de una regresión es fundamental para apoyar la recuperación de habilidades y el desarrollo futuro. Si observas una pérdida de habilidades en tu hijo, es importante consultar con un profesional de la salud sin demora.
Conclusión

La identificación temprana del autismo es fundamental para garantizar un apoyo oportuno y mejores resultados a largo plazo. Prestar atención a los diversos signos y hábitos descritos anteriormente puede ayudar a distinguir entre peculiaridades típicas del desarrollo y rasgos que pueden sugerir un trastorno del espectro autista. Si notas patrones persistentes o una combinación de estos comportamientos, es importante buscar una evaluación profesional. Consulta con tu médico, un especialista en desarrollo, o accede a los recursos de organizaciones como el CDC o The National Autistic Society. La intervención temprana, la comprensión y la aceptación pueden marcar una diferencia profunda en la vida de las personas autistas y sus familias.
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